Habla chucho que yo te escucho

EL BLOG DE DOGARA

Perros y niños: cómo fomentar una buena relación

La convivencia entre un perro y un niño puede ser una bonita y enriquecedora experiencia para ambos. Sin embargo, para que esto sea realmente así, es imprescindible establecer una comunicación efectiva y un entorno de respeto mutuo.

 

Este tipo de relación ha sido desde siempre idealizada y mostrada, en muchos casos desde el cine, la literatura o la tv, como algo que se da, de una forma totalmente natural, con equilibrio y armonía. El perro siempre acogerá al niño como el miembro de la familia al que debe proteger y nunca le incomodará nada que pueda hacerle, y el niño nunca molestará o hará daño al perro porque es su más fiel y mejor amigo. Pero esto es sólo un ideal creado a través de ideas preconcebidas.

 

En realidad, en muchas ocasiones los niños son un foco de estrés para los perros y se comportan de modo que pueden incluso molestar o incomodar al animal sin ser ni ellos, ni los adultos a su cargo, en absoluto conscientes.

 

A continuación vamos a indicar una serie de pautas generales para fomentar una relación saludable, donde tanto el niño como el perro aprendan a comprenderse y respetarse e intentar evitar, en la medida de lo posible, cualquier tipo de conflicto o problema derivado de esta relación.

 

1.- CONOCIMIENTOS Y EDUCACIÓN.

Esta es la principal y más importante premisa. Es fundamental enseñar a los niños desde una edad temprana a tratar a los animales con respeto y que aprendan que los perros son seres vivos con emociones, por lo que no se les debe hacer daño ni molestar.

 

Es muy recomendable que los adultos adquieran los conocimientos necesarios para comprender y conocer las necesidades básicas del perro para así transmitirlo a los niños, sin dejar de lado todo lo relativo a aspectos básicos de la conducta y el lenguaje canino. Es importante hacerles entender que los perros se comunican de forma diferente a nosotros y que ciertos gestos por nuestra parte, que incluso para nosotros son de cariño, a ellos les puede incomodar, como por ejemplo besos, achuchones o abrazos. Ante una situación incómoda el perro puede reaccionar de formas que se entenderán en su gran mayoría como “inadecuadas” (por ejemplo gruñendo), cuando en realidad lo único que estará haciendo es comunicándose.

 

Si el niño tiene una comprensión básica del lenguaje corporal, vocalizaciones y señales de estrés o incomodidad, será capaz de actuar en consecuencia y modificar su forma de interactuar con él. Esta comprensión y consideración de la comunicación del perro, contribuirá a una mayor empatía hacia él, así como a una relación más sana y segura.

 

2.- ESTABLECIMIENTO DE LÍMITES Y NORMAS.

Será fundamental, para garantizar que las interacciones sean adecuadas y respetuosas, establecer límites claros y transmitir a los niños las razones de por qué han sido establecidos y su importancia. Ya se ha mencionado que lo primordial es enseñarles que hay que tratar a los animales con respeto y que, en ningún caso, se les debe hacer daño ni molestar. Será responsabilidad del adulto que el niño no agobie o asuste al perro, para que no le tenga miedo y no lo asocie de forma negativa, ya que es lo que podría traer problemas.

 

También es conveniente fijar y comunicar normas sobre acercarse, manejar o acariciar al perro, especialmente en situaciones que sepamos que pueden ser estresantes para él o puedan provocar una reacción. Es fundamental para salvaguardar la seguridad y el bienestar tanto del niño como del perro.

 

Los adultos además deberán ser coherentes a la hora de establecer estas normas, teniendo en cuenta y adecuando las mismas a la edad de los niños convivientes, y transmitir las posibles consecuencias de que no sean respetadas.

 

3.- SUPERVISIÓN Y SEGURIDAD.

Aunque los límites y normas hayan sido establecidos, siempre es importante supervisar las interacciones entre el perro y el niño, especialmente los inicios de su relación. No sólo por cuestiones de seguridad, sino porque también proporcionará oportunidades para corregir comportamientos inapropiados. En el caso de que el perro muestre signos de incomodidad, se debe intervenir y explicar al niño lo que está sucediendo.

 

Las sesiones de juego son propicias para estrechar lazos pero será primordial que sean controladas y supervisadas, ya que, según el tipo de juego, pueden provocar cierta excitación en ambas partes, o peligros por malas prácticas o desconocimiento del lenguaje canino. Se deben elegir juegos de intensidad adecuada con los que perro y niño se sientan cómodos y seguros. Siempre que sea una experiencia positiva, reforzará el vínculo y afectará al desarrollo motor, cognitivo y emocional de ambos.

 

Según la edad de los niños y a medida de que vayan aprendiendo a interactuar correctamente con sus compañeros, se les pude dar más responsabilidad y bajar el nivel de supervisión en función de la comprensión y aplicación de las normas. Es evidente que en niños que no tienen edad suficiente para esto, siempre debe de haber supervisión, sin excepciones.

 

La seguridad es un aspecto prioritario para fomentar una convivencia positiva y segura por lo que será conveniente ser proactivo y tomar cualquier tipo de medida para garantizarla. Como por ejemplo la instalación de barreras o puertas de seguridad para contar con espacios separados cuando y donde se crea oportuno.

 

4.- RESPETO POR LOS ESPACIOS Y MOMENTOS DE DESCANSO.

Se debe enseñar a los niños a reconocer y respetar los momentos de descanso y relajación del perro. Deben comprender la importancia de permitir al perro comer o dormir sin molestias, para que se sienta seguro y valorado en el entorno del hogar, y confíe en ellos.

 

Por ello, es importante el perro cuente con un espacio propio donde pueda retirarse y descansar sin ruidos, interrupciones o cualquier tipo de interacción por parte de los niños.

 

5.- INVOLUCRAR A LOS NIÑOS EN EL CUIDADO Y LA EDUCACIÓN DEL PERRO.

El que los niños participen de forma activa en el cuidado y la educación de sus compañeros puede ser muy beneficioso ya que contribuirá no sólo a reforzar el vínculo, sino también a que tengan una mayor consideración de sus necesidades y su bienestar.

 

Cualquier tipo de actividad y tarea relacionada tanto con el cuidado como con la educación del perro debe de ser adecuada a la edad del niño y guiada o supervisada por los adultos.  Pueden sacarles a pasear, darles de comer, realizar tareas de higiene (como el cepillado), así como realizar ejercicios básicos de adiestramiento.

 

Los niños, además de tener la oportunidad de aprender importantes habilidades con todo ello, obtendrán grandes lecciones sobre la responsabilidad, la paciencia y la importancia de cuidar a los demás.

 

6.- CONCLUSIÓN.

En conclusión, la educación de perros y niños para lograr una convivencia armoniosa es un proceso que va a requerir de paciencia, comprensión y cariño.

 

Teniendo en cuenta estas recomendaciones, será más sencillo que los niños puedan establecer relaciones basadas en la confianza y el respeto mutuo con sus compañeros, fomentando una buena convivencia que además de enriquecer la vida de ambas partes, también les aportará valores esenciales como la empatía, la responsabilidad y el compañerismo.

 

Por último, recordar que siempre deberíamos ser un buen referente para nuestros hijos, ya que su aprendizaje será el reflejo de nuestro comportamiento y tenderán a dispensar a los animales en general, y en este caso a los perros en particular, un trato similar al que nosotros les demos.