Habla chucho que yo te escucho

EL BLOG DE DOGARA

¿Por qué educación canina amable?

Me ha parecido lo más acertado que el primer post de este blog versara sobre la base de Dogara, la educación canina amable o respetuosa, y lo que me llevó a ella.

Y es que, seguramente como la mayoría de los educadores, llegué a esto de la educación canina debido a la necesidad de ayudar a la perrita con la que en esos momentos compartía mi vida. Tengo que decir que Noa ha sido el motor que me ha impulsado a recorrer todo este camino, mi continua inspiración y finalmente la imagen de Dogara.

De temperamento algo miedosa e insegura desde pequeña, Noa padeció de ansiedad por separación. En aquellos años la información que se manejaba sobre educación canina era del tipo “hay que enseñar a los cachorros a no hacer pis en casa asustándoles con un golpe en el suelo con un papel de periódico enrollado o restregándoles el hocico en el mismo pis”, además de innumerables correcciones y castigos que provocaban dolor o miedo en el animal y, por supuesto, debía tener muy claro quién era el jefe de la manada, no fuera a volverse dominante. Y es que estaba en pleno auge el programa de tv de César Millán, “El encantador de perros”.

Por suerte, o simplemente intuición, busqué ayuda en una educadora que se alejaba bastante de esta línea de trabajo y que me desmontó todas las premisas que había dado por ciertas durante años sobre el método de aprendizaje de los perros y la aplicación de ciertas pautas para su educación.

De modo que empecé a investigar sobre los métodos de César Millán y su teoría de la dominancia, en la que basaba su forma de actuar, descubriendo que esta tenía sus raíces en estudios realizados con lobos en cautividad en 1940 que luego fueron extrapolados (de forma errónea) a los lobos en libertad y, de ahí, a los perros. Aunque ya en su día David Mech, experto que realizó estos estudios y que acuñó el término de “Macho Alfa”, rectificó sobre las conclusiones del mismo, los perros siguieron siendo tratados como lobos sufriendo las consecuencias.

Su enfoque simplista de “la manada natural del perro” que debía ser controlada por el alfa dominante, le llevó a la conclusión de que todos los problemas de comportamiento de los perros se derivaban del fracaso del dueño o dueños para dominar. Millán hacía uso de continuas correcciones y métodos aversivos que incluían intimidación física y psicológica, collares eléctricos y de asfixia, sesiones prolongadas en una cinta de correr y lo que se denomina la técnica de la «inundación», forzando a los animales a enfrentar su miedo incluso si al hacerlo les llevaba al pánico.

Muchos veterinarios, etólogos, adiestradores y educadores alzaron su voz en contra de Millán y sus técnicas, manifestando que estaban anticuadas, habiendo sido descartadas entre profesionales desde hacía años. Por desgracia ya habían calado hondo en la sociedad y ha tenido que pasar bastante tiempo para tirarlas de nuevo abajo.

La adiestradora Patt Miller, la experta en comportamiento animal Dra. Patricia McConnell y la Dra Sophia Yin, veterinaria y etóloga, fueron algunas de estas voces. Sophia Yin fue pionera en el uso del refuerzo positivo para el adiestramiento de perros. Fue a través de ella la primera vez que escuché el término adiestramiento o educación en positivo, basado en recompensar los comportamientos deseados para que se repitan, ignorando los indeseados en lugar de castigarlos, para que estos dejen de producirse.

Como ejemplo de este punto de inflexión, me parece idóneo incluir el documental del 2012 “Tough Love A Meditation on Dominance & Dogs”, dedicado a la fallecida Dra. Sofía Yin. En él se pone de manifiesto el cambio de mentalidad entre los profesionales del adiestramiento y la educación canina que desbancan el viejo enfoque basado en la dominancia-sumisión y las correcciones y castigos, abriendo camino a una forma de trabajo basada en el refuerzo positivo.

Y una vez te encuentras en este punto de no retorno, en el que te parece que el cambio en la forma de ver y entender la educación y nuestra relación con los perros ha sido tan brutal que en poco más se puede avanzar, te das cuenta que el camino continúa y que aún se puede ir más allá: hacia una educación más respetuosa y amable.

Y es que el enfoque educativo de la educación canina amable va más allá del conductismo (base de la educación basada en el refuerzo en positivo), introduciendo y teniendo muy en cuenta las emociones así como el estrés, la salud, el control del entorno y sobre todo la comunicación y la empatía, es decir, el comprender al animal.

“Respetuosa” significa además respetar en la medida de lo posible las necesidades innatas, biológicas o vitales del perro. La mayoría de “problemas” conductuales de muchos perros tienen el origen en que sus responsables o tutores no saben ofrecerles lo que necesitan y además les hacen realizar actividades que nada tienen que ver con sus necesidades.  Debemos ser conscientes de que el perro es eso, un “perro”, es decir, un ser social diferente al humano, que cuenta con su propio código normativo y sistema de comunicación. Por ello, muchas de las conductas que a priori se consideran “inapropiadas”, en la mayoría de los casos son comportamientos más acordes con su naturaleza de lo podríamos pensar.

Ante un “problema” de conducta, con una intervención amable además de poner especial atención en la causa que lo provoca, teniendo en cuenta todo lo mencionado con anterioridad (necesidades biológicas, emociones, salud, etc.), también se posibilita que el animal sea quien tome las buenas decisiones en lugar de limitar aquellas que dan lugar al comportamiento inadecuado. No vamos a ser su “líder” sino su “guía o acompañante”, forjando con él un vínculo basado en el respeto y la confianza, sin caer en el abuso y pensar que tenemos todo el derecho de obligarle a cualquier cosa aunque, evidentemente, sea necesario que se someta a ciertas normas y costumbres para una buena convivencia.

Parémonos un momento a pensar el gran esfuerzo que hacen los perros para entendernos y adaptarse a nuestra forma de vida, aun contando con un sistema de comunicación tan diferente al nuestro y unas necesidades biológicas tan dispares también. Intentemos hacer nosotros lo mismo en la medida de lo posible, pongamos de nuestra parte. ¡No podemos decir que no lo tenemos más fácil que ellos!